Las Disonancias del Vino

El Blog de Wine Loves Music.
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El Vino es como el Jazz

A diferencia de una cerveza fresquita, con su espuma blanca como la nieve queriendo salir de los bordes del vaso y esas diminutas burbujas que asoman tras el cristal y te invitan insistentemente a saciar la sed. A diferencia del suave amargor de un gin tonic, que te acoge con ese seductor y transparente tintineo de los cubitos de hielo al agitar la copa de balón, con sus preciosas fresas rojas flotando en la superficie como si de un jacuzzi se tratara. A diferencia de un frizzante elegante, que te hace sentir sofisticado con esa copa esbelta en tus manos, mientras por azar descubres aromas y sabores modernos que se esconden tras ese dulzor etéreo y tímido. A diferencia de todos ellos, el vino tinto nunca; repito: nunca, entra a la primera.

Y es que para disfrutar plenamente de un tinto crianza hay que hacer un esfuerzo. Un esfuerzo que se compensa con creces cuando logras destapar los secretos de sus aromas y texturas, y entras casi sin darte cuenta en un mundo maravilloso de descubrimiento y deleite, del que ya no vuelves a salir.

Pero para ello tienes que “tomar la decisión” de hacer ese esfuerzo, y salvo que el vino forme parte de tu cultura social y el no hacerlo implique un dolor superior, jamás tendrás una razón interna lo suficientemente convincente como para consumir algo que de entrada no te gusta.

El zumo de uva fermentado es bastante ácido y nada dulce, tan ácido y poco dulce como lo son los acordes de séptima, los tritonos y esos ritmos imposibles de bailar contenidos en el jazz. La primera vez que escuchas jazz es prácticamente igual que la primera vez que pruebas el vino; intuyes que ahí adentro se esconde un maravilloso mundo de deleite y sensaciones, pero has de hacer un esfuerzo para disfrutarlos.

Si te empeñas en hablar de la calidad de tus vinos, de su maridaje, de lo maravillosa que es tu bodega, o del esmero cuidado con el que tratas tus vides, es como si un músico de jazz tratara de encontrar nuevos adeptos a este estilo de música hablando de su maravillosa técnica interpretativa, su abultado currículum, o la elegancia y delicadeza con la que omite ciertas notas que dan a su música una sonoridad vanguardista y un tanto sofisticada.

Al fin y al cabo, las notas de cata y las notas de un piano son el equivalente olfativo y auditivo de un mismo concepto.

Cuando te diriges a los amantes del jazz puedes y debes hablar de ti. Cuando te diriges a los amantes del vino puedes y debes hablar de ti. Pero si buscas nuevos consumidores, en ese inmenso mercado al que a día de hoy no estamos siendo capaces de enamorar, has de hacer como los profesionales de la industria musical cuando intentamos promocionar un artista; hablar de todo sobre él, menos de su música.

De ese modo decides “probar” su música por muchas más razones que la música en sí. Por su cara bonita, por su estilo de vida, por su ropa, su peinado, sus gestos. Por su mensaje, porque a tus amigos les gusta, porque tuvo una infancia igual que la tuya, porque su música suena en esos lugares que te hacen sentir bien…por mil razones que nada tienen que ver su voz.

Ya sé lo que estás pensando. ¿Qué tiene que ver un artista con el vino? Un millón cosas, créeme, pero haz la prueba;
Ve a google y busca:
Marcas de agua, marcas de refrescos, marcas de vodka, marcas de ginebra, marcas de wisky, marcas de ron, marcas de coche, marcas de ropa. 

Ahora prueba con música, libro y vinos….
Busca razones fuera de tus vinos, para hablar de tus vinos

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